Nuestro fundador

El napolitano Alfonso de Ligorio, que era patricio, se hizo sacerdote. Tenía un corazón hecho de brazas de celo por la gloria de Dios y por las almas. No pudo ver con indiferencia el abandono espiritual en que vegetaban los pobres moradores de las aldeas, caseríos y de las chozas pastoriles perdidos en la serranía.

Pudo tomar contacto con ellos por casualidad cuando se retiró de Nápoles durante una temporada a las alturas hirsutas de Scala para reponer la salud que tenía arruinada en plena juventud por el exceso de sus actividades sin control. A Scala, metida entre los montes, se llega tirando para arriba según se va a Amalfi de allá abajo riente y sensual, con los tres buenos elementos, de sol, mar y arena… El demonio está contento en Amalfi; le estorba poco la catedral empinada allá arriba como un castillo.

Tomando contacto con los campesinos y los pastores, el alma apostólica de Alfonso se dio cuenta de la ignorancia religiosa y del abandono espiritual en que vivían en aquellas serranías; y por allí pudo deducir el estado religioso de cuantos se encontraban en iguales condiciones por toda la abrupta geografía del reino.

Allá en Nápoles abundaban los misioneros y los sacerdotes; florecían instituciones inspiradas en todas las obras de misericordia, y trabajaban con el celo pastoral muchos apóstoles; a pesar de eso, Nápoles seguía siendo “el paraíso poblado de demonios”. No conseguían hacer subir el platillo de las virtudes en la balanza, porque pesaba  demasiado el otro platillo con el peso enorme de los siete pecados capitales. Pero sí, Nápoles no se convertía, no era por la falta de medios. Y pensó llevar la salvación a los abandonados del Clero y del Rey, de los que sólo se acordaba el fisco de la cámara de  Santa Clara la hora de acordar la contribución.

Entonces surgió la fundación ligoriana de Misioneros Redentoristas para atender a las almas más abandonadas, sobre a aquellas pobres almas esparcidas por el campo. Esto sucedió en Scala en 1832. Fue una visión genial de San Alfonso que se hizo demócrata cuando aún no existían las democracias políticas. Y, por contraste, cuando han venido, sus dirigentes, pecando mortalmente contra la lógica y la historia, tratan como enemigos a loa apóstoles del pueblo, los primeros y auténticos demócratas… (Revista del Perpetuo Socorro-Madrid 1964)

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