Revolución de la conciencia para cambiar las estructuras.

 Uno de los pensadores clásicos, es decir, el  filósofo griego Sócrates sostenía que el  conocimiento de sí mismo es el soporte para alcanzar la verdad  y  una  estricta ética. Posteriormente, unos siglos más tarde lo reafirmaba, el doctor de la Gracia, San Agustín de Hipona: “no salgas fuera de ti… entra en ti porque en el hombre interior habita la verdad” Efectivamente, quienes cultivados por la constante reflexión están pulimentados para responder a las interrogantes y a las exigencias coyunturales. Por con siguiente centrados y diseccionados   en el proyecto  de amor y salvación.

El verdadero cristiano debe tener una constante renovación  a través de la interiorización. La preocupación de llenar sus odres con vino nuevo nace de su convicción y de su disposición de servicio. Además  esto supone una atenta vigilancia de sí y de la mentalidad  que la constituye como tal. Por ello los psicólogos cuando hablan de que el hombre es y se comporta de  acuerdo  a la programación cerebral no se equivocan. Ya que se depende  del registro mental que se posee. Luego   los actos humanos   expresan lo que en verdad se es. 

Que difícil es reconocer  lo que en verdad somos. Cuantos vivimos en letárgicos sueños o en sueños de hadas. Cuesta  decírselo  pero se los mencionamos: tenemos una mentalidad reactiva y no proactiva. Tal pobreza involucra a todas las dimensiones del hombre. Es así que vivimos olvidados de sí, sin saberse, ¿quiénes somos? En sus tejidos más profundos. El no saberse ¿el para que de nuestra existencia?  Es así que nos encontramos perdidos en un  vasto universo del cual el único y mayor responsable es uno mismo. A veces ocupando lugares de otros, engañados a sí mismos y engañando a los demás ¿dónde queda la honestidad? Abarcando mucho y apretando poco. ¿Dónde queda la moderación? Otros que distorsionan los valores  del reino y proponen un evangelio a su medida y a su interés. ¿Dónde queda Cristo? En consecuencia qué pesado se vuelve aplicar los consejos evangélicos en la propia vida. Somos capaces de cargar fardos pesados pero no estamos dispuestos a moverlos ni siquiera con el dedo. ¡Que tedioso se hace obedecer!

Ha  llegado la hora de retornar a la fuente alfonsina o la  vida  del Redentor  seguirá perdiendo  su encanto y belleza. Volver a las fuentes es tomar en serio a Cristo, camino verdad y vida, quien da a conocer lo necesario para hacer esta gran revolución de conciencia de modo que podamos cambiar  las estructuras  que coaccionan y  deshumanizan. No es una tarea de unos sino de todos los que quieren configurar su vida con Cristo Redentor, bajo la forma de vida inspirada por el Espítu Santo al fundador. No es algo que hay que esperar del hermano sino que el hermano espera de ti. Recuerda que la vida cambia en la medida que estás dispuesto a cambiar tú. Es una vía equivocada esperar que el otro  haga lo que tienes y debes hacer. 

Constituido bajo estas pequeñas determinaciones mencionadas  disfrutaba entre paseos y juegos,  estudios y trabajos,  aventuras y retos  las vacaciones, sin tener muy en claro lo que Dios tenía preparado. De pronto sonó el teléfono… era una voz ronca la que  hablaba, no pudiendo comprender el mensaje rehusé por un momento aceptar el itinerario misional al que era invitado. Me repuse ante la dificultad que me  acechaba y decidí darme  la oportunidad de ser evangelizado no ya por libros, de manera teórica,  sino de un modo concreto, es decir, ver directamente la  realidad  de muchos hermanos nuestros  de la sierra centro-sur del Perú.   

Al llegar al lugar de los hechos el impacto que recibí fue letal y desgarrador.  De repente  me vino a la memoria un canto negro espiritual de las Antillas, que dice: ¿quién es Dios que se hiere cuando los hombres se hieren? ¿Quién es Dios que sufre  con el sufrimiento del hombre? ¿Quién es Dios que ama tanto cuando los hombres se aman? Entonces  me propuse mostrar el rostro humano de  Cristo a la pobre gente.  Comencé mi labor misional en un pueblo llamado Totora. Algunos dicen que  es uno de los más lejanos de la provincia de Churcampa y que se encuentra a 4200 sobre el nivel del mar. Lo cierto es que en este lugar el frio  quema la piel, los pobres niños tienen sus rostros quemados, maltrechos y desfigurados. Un lugar donde la plata no tiene valor porque no hay nada que comprar. Por otro lado, la mayoría de la población  no tiene los bienes y servicios necesarios. No obstante  son  personas muy generosas, hospitalitarias y trabajadoras.

Traté en lo mejor posible de hacerme  parte de su realidad. La cual la encontré  llena  de amargas  resignaciones y de sufrimientos. Lo poco que pude  dar lo hice con amor y cariño. Sediento de que cambiaran  su situación, pero  a la vez, sabiendo  que nada cambia de la noche a la mañana. Por consiguiente eran ellos los necesitados de Dios que con tierna mirada me estremecían.  Porque consciente estaba de que  eran  víctimas de un pasado enlutado y muy ensangrentado por el terrorismo.  Me  interrogaba ¿por  qué tanto se arraigo en esta zona el terrorismo? Mas el mismo hecho de mirar la realidad  me  aleccionaba Efectivamente  ¿quién  no querría la igualdad, las mismas oportunidades estando en esas condiciones? Es como le preguntarán al moribundo  ¿quieres vivir?  0 al que está muriendo de Sed ¿quieres beber agua fresca? O al que está muriendo de inanición ¿Quieres comer? O  preguntar  al religioso ¿qué es lo que más anhelas después de esta vida? 

  Por otra parte  no tenían mucho que perder puesto que  no entendían  la vida como don de Dios, a la que debemos y tenemos que cuidar y reverenciar.

Los niños con los que compartí   llenos de cualidades, tiernos e indefensos  negados a una sana y buena educación.  Privado de la seguridad paternal y del cuidado  amoroso del padre,  y negados a la ternura y caricia de la madre. El clamor de mis palabras  era para ellos, ya que eran también como pichones sin plumas que a su corta edad tenían que salir a lugares lejanos  para trabajar y traer algo a casa. Además todos con  muchas desventajas de superación y con porvenir incierto e inseguro.  Cuanto suplique a los padres: “eduquen a los niños para no tener que castigar  a los hombres “. De pronto decían: de dónde padre si con las justas vivimos y comemos como ya verá. 

En resumen una cosa solo es importante cambiar la mentalidad por una mentalidad concorde con el Evangelio. Para ello debemos hacer de cada página del Evangelio regla de nuestra vida y de nuestra vida una página del evangelio para ser leída por nuestros hermanos. Solo iluminado nuestra conciencia con la Palabra nacerán  actos que serán la encarnación de la Palabra. Únicamente con una conciencia transformada podremos transformarnos y transformar y acercar a los hermanos a Dios. En este mancomunado empeño los abraza su querido hermano.

*Reflexión del Hno. Roberto desde la experiencia de haber visitado a los pueblos de Huancavelica en el mes de febrero del 2011

Esta entrada fue publicada en Escriben Los Seminaristas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Revolución de la conciencia para cambiar las estructuras.

  1. Javier hp dijo:

    Felicitaciones. Excelente reflexión. Dios habla desde la realidad que nos rodea, en especial de los pobres. Quien las escucha no podrá quedar indiferente a este llamado. Desde nuestras virtudes y debilidades nos empeñamos a colaborar con esta misión al estilo de S. Alfonso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s