Todo fue Providencia

*Parte del escrito del hermano José Luis Ramírez Díaz sobre la experiencia de las Visita Pastoral a las comunidades de la parroquia de Churcampa (Huancavelica) en la sierra sur de Perú.

Del 18 al 23 /02/11: Misiones en la Comunidad de Ccasir (Jasir)

 

   El viernes 18 muy temprano, salimos con dirección al anexo de la comunidad de Ccasir, dicho anexo se llama Chaipara, que queda a 4km de camino, hemos salido junto a dos niñas Lady y Daniel, también con el catequista de la Merced el Sr. Fermín; nos dijeron que era cerca y a mi parecer era muy lejos, pasaba 1 hora y no había cuando llegar, llegamos en si en cerca de 3 horas caminando, y eso cortando camino, lo que nos detuvo un poco fue, primero al querer cortar camino pasamos por un río, que cuando íbamos a cruzarlo empezó a incrementarse, y nos dimos cuenta por expresión del señor Fermín que ello era un huayco, efectivamente, conforme nos deteníamos a ver, sabíamos que teníamos que pasar si queríamos llegar a Chaipara, así que a la vez pensaba en mi vida y en la vida de las otras personas que me acompañaban, decidimos pasarlo, arriesgando todo, todo el lodo creció hasta llegar cerca de la cintura, sino fuera por el Sr. Fermín, hubiera caído por completo a todo el lodo, pero así pasamos, era mejor ensuciarse con barro, que morir en el intento, Dios fue providente, y no dejo que a ninguno nos pase nada, pero velábamos por la vida de los más pequeños, para que pasen primero, era como decir inconcientemente: “Nosotros ya hemos vivido unos años, las pequeñas que nos acompañan aun les falta vivir, que pasen ellas primero…” y así fue; mojado y con barro, luego daba risa el vernos todo sucios, pero así teníamos que caminar, y así llegamos a Chaipara, una pequeña comunidad donde abunda la fruta, lugar agradable, y donde las pocas familias que viven ahí, han sufrido la devastación del Río Mántaro, ante la crecida del río,  este se llevo todo a su paso, casas, cosechas, etc.; pero ellos mismo se daban una esperanza más, poder seguir viviendo y volver a comenzar. Por ello, decidieron construir sus casas un poco más arriba de donde antes estaban casi al nivel del río. Conversamos con ellos y bendecimos sus casas y oramos junto con ellos; hemos regresado a descansar a la Merced, pero un poco cansados y con bastante fruta que nos obsequiaron, poder aprender de ellos como esa gente pidió una oración por ellos, y antes de construir sus casas, ellos mismos construyeron su iglesia dedicada a la santísima cruz, ya que a pesar de la dificultad aún no pierden su fe en Dios.

 

   El sábado 19, por la mañana llegamos definitivamente a la capilla de Ccasir, pocos pobladores, aunque más niños, ese día, sucedió algo similar a la Merced, llegamos y no estaba el señor que tiene la llave, ya que se fue a pastear a sus cabras, no teníamos que comer, ya eran cerca de las 2p.,m. y les envié a los hermanos a comprar algo, ya que los veía de hambre, es así que cuando se fueron, a la media hora, aparece una muchacha Erlit, y nos ofrece de parte de su mamá el almuerzo, papas fritas con arroz y refresco, la Providencia hizo que comamos en la tarde, aunque los hermanos regresaron con galletas y frugos, les dije: “confiemos en la providencia, Dios no nos desampara, solo tengamos calma…”; por la tarde el Sr. Ambrosio apareció, y nos ofreció su sencilla casa, en una zona más elevada respecto a la capilla y ahí nos instalamos, aunque sentí más frío en aquel pueblo.

 

   El domingo 20, nos visita el P. Javier Zárate, y se queda entre nosotros hasta el día martes 22 por la mañana, compartió asila Eucaristía  y nos estuvo aconsejando y compartiendo su alegría y experiencias que ha tenido como misionero en varios lugares de pobreza más extrema que donde estábamos, la presencia de P. Javier fue agradable, dejándonos en si muchos ánimos de continuar y de alegrar la misión por medio de sus cantos, lo bueno es que el padre si sabia hablar muy bien el quechua, cosa que ayudo mucho a ser más cercano a la gente del lugar, sobre todo a los ancianos que eran netamente quechua hablantes.

 

    Recuerdo que el martes 22, caí un poco mal, ya que a consecuencia del intenso frió que sentí, habían penetrado a mis hombros que no podía moverlos, es así que fuimos a una posta, pero no tenían mucha medicina para ello, entonces la Sra. Benedicta, esposa de don Ambrosio, nos pidió que cortemos molle macho (es una planta que abunda en ese lugar, y el molle macho, es aquel que no da fruto), y entonces calentó el molle y me lo coloco en los hombros, y santo remedio, mis hombros absorbieron el calor del molle, y de ahí no me volvió a doler los hombros.

 

    En Ccasir, tuve la experiencia de una criatura de 4 años, llamado Jacob,  que siempre entre sus juegos de niño, nos acompañaba en la oración, y era uno de los primeros en llegar al rosario de la aurora y a los demás momentos de oración, lo cual me animaba y me decía a mi mismo: “Si este pequeño hacia todo el esfuerzo para poder participar de todo lo que hacíamos, porque con más razón yo debía poner todas las ganas para continuar y hacer con entusiasmo todo en torno a la misión… Dios se manifestó en mi a través del ejemplo de este pequeño…”

 

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