Redescubrir el Amor de Dios en la Gran Semana de Pascua (1)

“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta”

(Sta. Teresa de Ávila)

Desde ya un saludo cordial a cada uno de ustedes, de manera especial ti que te has detenido a poder leer este escrito, que lo redacto desde el corazón, y más que eso desde la experiencia personal que deseo compartirte: “El amor no puede morir…” expresaba así un redentorista llamado Marcel Van, y ahora en esta gran semana de pascua, en esta gran semana donde todos hacen un alto para poder salir, orar, participar en alguna comunidad o parroquia, trabajar o irse de vacaciones, paseos, no lo sé, solo sé que esta vez a mí se me permitió poder salir de retiro, a un encuentro personal y profundo de la experiencia espiritual que sinceramente ha marcado mi vida como religioso, pero sobre todo como ser humano que soy, ya que aún sigo siendo José Luis; tenía alguna expectativas con querer hacer esta experiencia de los ejercicios espirituales, me hubiese gustado hacer la de un mes, pero no se pudo por diversos factores, sin embargo Dios ha permitido que sea justo en esta gran semana, la cual la llamo así, para poder adentrarme a una aventura muy sincera, conmigo mismo y con él.

“Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad; todo lo que tengo y todo lo que poseo.

Tú me lo diste, a ti Señor lo torno; todo es tuyo.

Dispón de todo ello de acuerdo a tu voluntad; dame tu amor y tu gracia que esto me basta.”

(Oración de S. Ignacio)

Esta oración la he escuchado varias veces, a la vez también es letra de una canción como tal, en realidad ha sido redactada por el mismo San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, más conocidos como padres jesuitas, bueno no es que quiera hacerles un cherri o algo así, sino que me siento en toda la libertad de poder escribir libremente; esta oración la he podido ir aprendiendo a lo largo de estos días, capaz era la única con la cual iniciábamos cada día, pero sobre todo es que descubrí que guarda un mensaje profundo, que ha podido profundizar en mis adentros; he podido redescubrir algo que realmente lo tenía presente pero aún falta ese empujón para poder tener lo que se dice convicción de lo que se cree, pero más que eso de lo que se siente, y aun un reto de lo que se tiene que vivir, ello lo he podido vislumbrar también desde la Espiritualidad Redentorista, saber que Alfonso de Ligorio quiso que todos sus hijos, en realidad todas las personas descubran al Dios amor, nuestra Espiritualidad es rica en ello, digo que es aquella que me ha enseñado a redescubrir a Dios, saber que es cercano y saber que es realmente amigo, y sobre todo Padre.

A continuación este es el proceso del cual ha partido este tiempo de discernir, de poder acoger lo que Dios quiere en mí y de mí, es aún un trabajo arduo, pero creo algo que dijo el P. Gerardo sí, “Cuando descubrimos que Dios nos ama, lo demás no importa…”, ya que aquí sabremos actuar con mucha caridad, pero sobre todo misericordia, cuando nos sabemos amados por Dios.

Gerardo Aste, sj, inicia la primera noche dándonos algunas indicaciones muy precisas, muy directas, diciéndonos: “Quien no ha venido aquí con disposición, o sea libre, con ganas de vivir estos ejercicios, es mejor que no los haga, y yo les recomendaría que se retiren o lo hagan en otro momento, ya que Dios tiene que actuar en estos días, y si ustedes no lo dejan, pues es en vano estos días…”, estas palabras fueron realmente muy profundas, ya no eran solo ganas, no era solo alegría, sino disposición, disponibles, dispuestos a poder hacer este recorrido espiritual, inclusive nos dijo que solo utilizáramos la Sagrada Escritura, ningún otro libro puede ser nuestra mejor ayuda que la propia Palabra de Dios, al menos en estos días, solo Dios quiere hablar, pero tenemos que estar con disposición a escucharlo; no digo lo que más me costó, pero si digo que lo que no pensé en hacer era que dijo no celulares, procuren no contestar, siéntanse libres, será por eso que no conteste ninguna llamada por ello disculpen; no radios, no lecturas fuera de la Biblia, no escribir cartas; solo nuestro trabajo de estos días será ejercitar el espíritu en lo posible con 5 ó 6 horas diarias de oración, desde la mañana hasta acostarnos, realmente un gran reto; pero resalto aquí que las palabras de Gerardo hicieron mucho eco en mi he hicieron que haga caso a cada una de sus indicaciones, sé que no habían cámaras de vigilancia, sé que tampoco él estaba vigilando, sino que solo sé que decía las palabras con mucha convicción, me hizo recordar mucho a mi maestro que siempre tengo presente y es el P. Adam Kosla, misionero redentorista; FINALMENTE CONVIENE QUE HAGAMOS SILENCIO, fue algo que no pensé que íbamos a tenerlo muy presente, realmente no costo, ya que incluso estaba alrededor de personas con mucha espiritualidad, con muchas ganas de seguir buscando al Señor en sus vidas.

“Vayamos a un lugar a descansar…” (Mt. 6, 30 – 32), es la invitación precisa para iniciar esta experiencia, es hacer un alto a todo, hasta inclusive dejar de lado todo lo que tengas pendiente, amistades, peleas, familia, trabajo, preocupación, dejar todo, solo eres tú y Dios, nadie más debe interferir, ni debes dejar interferir a nadie en ello, de ahí la palabra mágica “Disposición”.

Poder hacer un alto, es poder volver a nuestros propios orígenes, saber cómo estamos, mirar nuestro entorno, mirar más allá de nuestra propia realidad que nos rodea, o sea mirarnos a nosotros mismos, ¿Qué es lo que hemos hecho hasta hoy?, ¿Cómo me siento?, etc., responder a muchas pregunta que cada uno de nosotros tenía que hacerla así mismos, quien puede conocernos, si no somos nosotros mismo, y el Señor nos ayudara en ello; Salmo 139: Oh Señor, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda…”

El Dios que Jesús nos presenta es muy distinto al Dios del Antiguo Testamento, en realidad podría decir que Dios mismo se presenta y dice “Yo no soy ese Dios que han imaginado muchas personas, no soy castigador, no soy celoso ni tampoco vigila a todos para ver si me aman o no…sino un Dios que nos da algo muy importante LA LIBERTAD PARA ELEGIRLO Y AMARLO…” algo que es realmente un gracia, la libertad, si entendemos esto al principio, vamos a poder iniciar un verdadero proceso, justo y sincero, sin mirar a los demás, sino mirarnos a nosotros, y saber ¿En que Dios creemos?.

Jn. 1, 35 ss: “…viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué quieren?” Ellos le respondieron: “Rabbí —que traducido significa Maestro, ¿dónde vives?”; “Vengan y lo verán”, les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

Creo que es esa la pregunta que sentimos todos “¿Qué quieren?”, una pregunta bastante desafiante pero más que todo una pregunta que nos pide a nosotros hacer un alto, y discernir, que es lo que realmente queremos, que es lo que buscamos, o a quien buscamos… todos hemos respondido “Maestro ¿dónde vives?”, S. Agustín expresara: Dios estuviste en mí, y yo tan lejos de ti…o sea en nuestro interior; en este caso Dios donde quiere vivir realmente, es en nosotros, muchas veces en nuestras vidas nos hemos dedicado a saber que Dios está muy fuera de nosotros, y capaz ni lo hemos sentido así, simplemente nos hemos acordado de él cuando lo necesitamos, nunca nos hemos preocupado si es que Dios aún permanece con nosotros, tan escondido, no porque él quiera, sino porque nosotros lo queremos así; si nos detenemos a ver su creación, saber que Dios está también alrededor de todo lo creado podremos descubrir con cuanta hermosura Dios se presenta a nosotros, ello me llevo primero a detenerme y orar, iluminado en el texto de Lc. 18, 9 – 14: “Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.

El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.”

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”

Realmente me sentí muy mal, dando uno de los primeros pasos: “algunos que se creían por justos…” realmente hay veces no me he detenido a visualizar sinceramente ello, ¿realmente me siento así, me creo justo, cuando no lo soy? O ¿soy realmente el que dice estar cerca a Dios?, sin embargo, con la única palabra que me resigne fue las del publicano, tener vergüenza, por todo lo que he podido hacer en mi vida, tener vergüenza por todo lo que no me he dado cuenta que he hecho, y decir: Señor, ten compasión de mi…”, se me caían las lágrimas al expresar ello, ojo aquí no se trata de haberme sentido como una basura, sino de saber que no he sabio demostrar el suficiente amor, caridad y sobre todo misericordia, ni conmigo mismo ni con los demás.

Estamos ahora invitados a descubrir a alguien que sabemos que no nos va a juzgar, ni por lo que somos, ni por lo que hacemos: “El Dios que nos ama”, esta es la propuesta; en nuestras vidas necesitamos mucho de afecto, ojo recordemos que somos personas y aquel qu diga que eso es solo para las mujeres es que realmente es la persona más desdichada del mundo ya que no ha podido descubrirse realmente, realmente no se ama, ni se siente amado, es parte de nuestra realización y de nuestra integración como personas, en este caso es Dios mismo, quien nos invita a no mirar primero a ver quiénes nos aman, sino mirar, ver y oír que es él quien nos ama:

Isaias 43, 1: «No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío. Si pasas por las aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por el fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti.; es una invitación muy importante para todos, Dios nos conoce, nos llama por nuestro nombre, pero nos invita sobre todo a confiar a no temer, y cuando dice: “Yo estoy contigo…”, es la expresión de decirnos siempre, no quiere que pensemos que estamos solos, sino que estamos con él todos los días, aunque no lo sintamos, pero él esta, y cuando no lo sentimos es porque realmente aún no hemos reconocido esto Dios es el primero que toma importancia por nosotros, y él nos ánima, eso es lo importante, por eso digo: “NO HAY MAYOR HUMANIDAD, QUE LA MISMA HUMANIDAD DE DIOS, REALMENTE EL NOS AMA, PORQUE HA SABIDO SER HUMANO…”, luego se verá quienes nos aman, o no, aquí lo importante es saber que Dios está muy al tanto de nosotros.

Nos ama como somos; nos ama con nuestras virtudes y defectos, nos ama como nos ha creado, no solo se interesa por nosotros, sino que no le importa cómo somos, de él hemos salido y él ama mucho y valora lo que ha creado, nos ama hasta ser capaz de entregar su vida, para nosotros vivir, ¿no vez aquí un amor hasta el extremo?, realmente sentí muy dentro esta invitación, alguien no me había amado así antes, un amor sin condiciones, un amor, sin defecto, un amor sincero y libre: Romanos 8, 31 – 39: “¿Pues qué diremos á esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?, ¿Quién acusará á los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está á la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo?”, quien nos podrá apartar del AMOR, quien lo intente, nunca lo lograra, ya que Dios amara siempre, si uno mismo se aleja, capaz ese sea el problema, pero Dios nunca deja de amar, es un Dios que no sabe más que amar.

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Una respuesta a Redescubrir el Amor de Dios en la Gran Semana de Pascua (1)

  1. Nuevamente te extiendo un saludo fraterno desde el Caribe. Tus palabras calan profundamente en mi mente y en mi corazón. Gracias primeramente por responder con un SÍ firme al llamado de Dios y gracias por compartir estas palabras que sin duda alguna son reflejo de lo que sobreabunda en tu corazón “de la abundancia del corazón habla la boca” Mateo 12,34. Sigamos orando para que Dios suscite en nuestro pueblo latinoamericano, más y santas vocaciones para nuestra familia de los Misioneros Redentoristas.

    Adjunto la reflexión a un salmo que me ha acompañado por varios años. Que Dios y nuestra Santísima Virgen, Madre del Perpetuo Socorro, continúen bendiciendo tu vida y la de todos mis hermanos de Perú.

    En Cristo Redentor,

    Carlos Alberto González
    Postulante Redentorista
    Provincia de San Juan
    Zona de Puerto Rico

    “Es el momento, Señor, de orientar mi vida; es la hora de dar rumbo a mi existencia; estoy a punto para descubrir un nuevo camino; no me sirve, Señor, el vivir en eterna encrucijada. Estoy ante ti abierto como la playa al mar; estoy en busca de tus pasos, de tus huellas; quiero dejar atrás mis caminos y entrar por tus caminos; quiero decir sí al plan de Dios para los sueños de mi vida.

    Aquí estoy, Señor, como Saulo en el camino de Damasco; y te digo sin rodeos: Señor, ¿qué quieres que haga? Aquí estoy, Señor, como Samuel en la noche y te digo: habla, que tu siervo escucha. Aquí estoy, Señor, como María cuando era joven y te digo: he aquí la esclava; que se haga según tu Palabra. Aquí estoy, Señor, con un corazón disponible como el tuyo y te digo: “quiero hacer tu voluntad”.

    Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Qué me pides? Señor, ¿cuál es el plan del Padre para mi vida? Señor, ¿cuál es el proyecto que quieres que realice? Señor, ¿a qué me llamas? ¿Por dónde quieres que camine? Señor, ¿cómo estar seguro de tus caminos en mi vida? Señor, ¿cómo sé yo, que es eso lo que deseas de mí y no otra cosa? Señor ¿seré capaz de ser fiel a la llamada que me haces? Señor, ¿y si me equivoco y tengo que volver atrás?

    […] Quiero, Señor Jesús, escucharte y dar respuesta a tu llamada. Quiero, Señor Jesús, dejar todo, quedarme libre para seguirte. Quiero, Señor Jesús, arriesgar mi camino con el tuyo. Quiero, Señor Jesús, dejar mis miedos, dar paso a mi fe de joven. Quiero, Señor Jesús, fiarme de tu plan porque me amas.

    Yo sé que me has mirado, que has puesto tus ojos en mí. Yo sé que me quieres para ser tu servidor de tu Reino. Yo sé que me das la fuerza de tu Espíritu para ser enviado. Yo sé que es posible realizar tu plan y ser feliz. Señor, quiero hacer de tu persona y tu Evangelio, el proyecto de vida que dé sentido a mi existencia. Aquí me tienes, Señor, para hacer tu voluntad.

    Fuente: Mazariegos, Emilio L. (1999). Salmo en busca de un Proyecto de Vida. Salmos de un Corazón Joven. Pág.214-215

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