Redescubrir el Amor de Dios en la Gran Semana de Pascua (2)

ImagenDiscernir cual es la Voluntad de Dios; Dios quiere que todos vivamos, pero vivamos felices, no vivir por vivir, nuestro primer fin y el principal es que al haber salido de Dios, tenemos que regresar a él, y justo la voluntad de Dios es que todos vivamos, Sabiduría 11, 21 ss: “…Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho”. Es un Dios que ama la vida, muchas veces pensé que saber qué es lo que Dios quiere para mí, es saber a qué misión me está invitando, pero sin embargo la invitación de ahora es que Dios quiere que vivamos, el ama la vida, y quiere compartirla con nosotros, ya que Él es la vida misma.

Es por ello que al sentirnos amados, por Él, es Dios quien realmente nos da todo, y espera así nuestra colaboración, alguien que nos ama sin medida, alguien que nos hace sentirnos como suyos, como algo sagrado, espera justo eso de nosotros, nuestra colaboración en su plan salvífico, nunca nos deja solos, sino que caminamos junto a él, y quiere que seamos uno con él en el proyecto salvador, pero ello nos lleva ahora  a valorar la “libertad”, para saber elegir, entre lo bueno y que lleva a Dios, o entre lo malo y que nos aleja de él. Por ello es bueno tener que dejar de lado todo aquello que obstaculice nuestra cercanía y relación con Dios, mientras elijamos lo que nos acerca a él eso es bueno, en esto no se trata solo de saber qué es lo que a él le podemos ofrecer, sino que es lo que Dios quiere de nosotros, para con los demás, con él y con uno mismo, discernir, he ahí el reto.

Casi, llegamos al umbral de este magnífico recorrido, para elegir a Dios hay que ser libres, y justo no hay mayor libertad que podamos tener, sino aquella que Dios nos ha otorgado, desde que nos creó, Dios nos ha hecho libres, tenemos que entender eso libres. Cuando uno elige, sabe muy bien que elige aquello que no le va hacer daño ni a uno mismo ni a los demás, por eso se sabe que uno ha elegido bien, en ello utilizamos nuestra libertad, en esto no elegimos con malicia, sino elegimos justo para poder dar vida, ver desde Mateo 26, 36ss: “Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: “…Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú…”  Jesús ha elegido, y se ha sentido libre al elegir, no habla exactamente de su muerte o que parezca un masoquista, sino que habla de seguir cumpliendo en su vida lo que Dios le ha ido dando a conocer; tenemos que ser indiferentes en esto a todo lo malo que se pueda cruzar en el camino, ser indiferentes a aquello que nos aleje de él, ser indiferentes al temor, al miedo, al que dirán, al rencor, al odio, a la dificultad, etc.

Cuando en algún momento elijamos mal, y ello nos lleve a sentirnos de lo peor, o incluso a no sentirnos amados por él, iluminemos algo con mucha misericordia Jn. 8, 1 – 6:” Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?

Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.

Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.

Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Esta escena del evangelio tiene un juicio muy importante para nuestras propias vidas, el juicio humano es realmente y muchas veces sin misericordia, sin embargo el juicio de Dios es distinto: “yo tampoco te condeno, vete en paz y no vuelvas a pecar…” esta es la invitación de Dios, esta es la verdadera cara de Dios, él no condena, no se ha fijado en el pecado de la mujer encontrada en adulterio, sino que se fija y quiere salvar primero a la persona; muchas veces hemos querido ser jueces de algunos, o inclusive presionar a la autoridad para que de una vez de su veredicto ante un acusado, sin embargo no hemos sido capaces de expresar lo que Jesús ha dicho: “Yo tampoco te condeno…”, y si el mismo Dios expresa eso, porque hay veces hacemos caso a jueces o personas que se han hecho nuestros jueces en circunstancias donde no había necesidad de condenar, donde no había necesidad de hacer quedar mal a nadie, donde solo había la única intención de herir, o de querer hacer daño, el juicio de Dios es un juicio con misericordia, pero sin dejar de lado, la invitación de Jesús: “…vete en paz y no vuelvas a pecar…”, encima que hemos hecho algo malo, nos ha deseado la paz, en este caso nos ha dado su bendición, y nos invita, a no dejar de mirar con cuanto amor nos perdona, con cuanto amor, nos ha querido dar a cada uno de nosotros, porque somos valiosos ante sus ojos.

Hay una parte importante, y ya para finalizar, el sentirnos perdonados, pero nunca vamos a sentirnos perdonados, si es que no nos sentimos amados , el que ama perdona, el que se sabe amado, sabe perdonar y acepta el perdón, en este caso estamos invitados a perdonar, perdonarnos nosotros mismos, por todo lo que hemos hecho, no sentirnos de lo peor, sino la mayor falta es habernos olvidado que Dios nos ama: “no hay peor desgracia cuando el ser humano no se siente amado ni perdonado…”, lo digo de manera personal, en mi año de vida que tengo, aunque algunos digan que tengo 18, pero estoy cerca a los 25, pienso y digo que realmente no se es feliz cuando no ha podido uno experimentar el perdón, y poder perdonar a los demás; pero en esto es sentirnos amados, desde Mateo 18, 21 – 35: “… la Salvación ha llegado a esta casa…”hay veces justo deseo eso para mí mismo, que la salvación, del perdón, del sentirme amado, del no olvidar que Dios quiere que viva, pero que realmente Viva, este siempre presente en mi vida, que esa salvación también pueda llegar en las vidas (casas, hogares) de cada uno de nosotros, la verdadera salvación, no la aparente, sino la salvación del perdón, en esto me quiebro y digo realmente: “cuanto Señor he faltado a tu amor, a tu misericordia, a tu bondad, y no he sabido dar vida, …”, en esto he aprendido que aunque es difícil poder perdonar, no estamos obligados a poder decir: bien se terminó todo, y hay que seguir como si no hubiese pasado nada, la cosa no es así, tal vez si invitando a que podamos volver a comenzar, una relación poder volver a iniciarla, y dialogar de lo que es necesario no de aquello que nos haga sentir peores, o nos haga estar enfrentados, sentirse amado es una invitación a sentirse perdonado y perdonar.

Finalmente ser agradecidos, todo ello es un largo camino por recorrer, les he compartido a grandes rasgos todo lo vivido, más que aprendido; todo lo experimentado, todo lo que he sentido en estos días, desde una palabra que se llama “disposición”, sino Dios no puede actuar, con esto no quiero ni pretendo hacerme el santo, ni mucho menos el mejor, porque cada que pienso en ello, solo me doy cuenta que soy muy pequeño ante Dios que es todo amor y misericordia, pretender ser mejor que él, seria olvidarme que soy amado por él. Pero la invitación está hecha, por ello puedo decir: “Gracias Señor…”

Gracias, por todo lo que he vivido hasta hoy.

Hno. José Luis  Ramírez Días. CSsR

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Una respuesta a Redescubrir el Amor de Dios en la Gran Semana de Pascua (2)

  1. Recibe un humilde saludo de este tu nuevo hermano postulante redentorista de la Provincia de San Juan, Zona de Puerto Rico. La reflexión que has compartido con nosotros refresca nuestros corazones y en lo particular me anima a seguir respondiendo al llamado de Cristo Redentor. Que Dios te siga bendiciendo y espero en algún momento conocer a mi nueva familia en el Perú. Cordialmente, Carlos A. González Del Valle.

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